El Pequeño Cottolengo: un refugio para la inocencia

  • El recinto alberga a más de 300 personas con discapacidades intelectuales.
  • La mayoría de ellos se encuentran en una situación de abandono casi completa.

Uno de los grandes hogares con más de 300 personas a su amparo, es El Pequeño Cottolengo, ubicado en la calle Don Orione en Cerrillos. Este lugar recibe a personas que tienen una discapacidad intelectual severa o profunda y gran parte de ellos, se encuentran abandonados.

En los pasillos de este recinto vive gente de variadas edades, aunque muchos de ellos, con esencia infantil. Las personas que están bajo el amparo del Pequeño Cottolengo, en su mayoría padecen enfermedades intelectuales irreversibles, las que para algunas familias genera una molestia por diferentes motivos, lo que desemboca en internarlos al cuidado de esta institución.

Este hogar se divide en siete pabellones, los que acogen desde niños, hasta personas de tercera edad. Uno de los más destacados es el pabellón “El Carmen”, el que tiene más de 50 mujeres entre 24 y 60 años. Muchas de ellas han pasado casi toda su vida en este lugar, considerándose afortunadas por estar allí.

“Cuando llegué, fue traumático… renuncié tres veces en el día, las niñas se me acercaban y besaban, yo les hacía el quite… Después dije “voy a volver”, y ahora las amo”, explica Carmen Pacheco, una de las auxiliares de trato directo.

Auxiliares: más que trabajadoras, mamás.

Las mujeres que están a cargo de las labores del Cottolengo cumplen un rol fundamental en la vida de estas niñas, son ellas quienes velan por el bienestar y por integrarlas como una familia.

“Las principales son las auxiliares de trato directo, son las personas más importantes para ayudar a estos chicos, ellas hacen el rol de mamás. Ellos son tremendamente dependientes, entonces ellas son quienes los lavan, les dan de comer, los visten, son las funciones básicas. Ellas son lejos las más importantes, el 80% de las que trabajan acá son las tías” dijo Cristián Glenz, Director ejecutivo de “El Pequeño Cottolengo”.

Estos niños viven con un entendimiento diferente, por lo que es necesaria la paciencia y vocación para ayudarles. “Hay que acompañarlos, contenerlos emocionalmente, conocerlos, darles tiempo, darles sus espacios y ser empáticos, no hay que desvalorizarlos por no entender o por tener temáticas diferentes de interés”, manifestó Myriam Castillo, psicóloga del recinto.

El abandono de estas personas se genera por distintos motivos, desde la falta de recursos hasta la de empatía, sin embargo, El Pequeño Cottolengo realiza una destacable labor al no desamparar a quienes más lo necesitan, entregándoles un hogar con los cuidados necesarios y lo más importante, el apoyo y amor que se presenta cada día en cada rincón de este lugar, el que es llenado con la alegría e inocencia de estos niños.

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