Galerías comerciales: la ciudad dorada bajo el retail

Nos hablan de Arauco, Mall Plaza o Costanera, pero se olvidan de que el valor histórico/comercial de nuestro querido Santiago se origina de una forma mucho más distante al concepto de compras que caracteriza la rutina capitalina en la actualidad. Antes de que llegara el modelo Estadounidense las bases del comercio se lograban entablar bajo conceptos netamente europeos, específicamente inglés (galerías convencionales) y francés (boulevard). La particularidad de una comercialización de corte centralista logró establecer en el casco histórico un modelo compacto pero efectivo a la hora no sólo de vender, sino también de conectar manzanas enteras en relación a un circuito económico y social.

La primera galería que aparece en el centro fue construida en 1852 por el arquitecto francés François Brunet de Baines. Esta fue comprada por Domingo Matte y es por esta razón que hoy se llama “Pasaje Matte”.

Pero no sería hasta la década de los años 30 cuando se popularizaron y comenzaron a aparecer varios de estos centros comerciales. Esto fue posible gracias al urbanista austriaco Karl Brunner, quien promovió la creación de un Plan Regulador para Santiago Centro, lo cual permitió pero además creó un modelo de pasajes interiores que cruzaran los edificios, atravesando las manzanas, basándose en el modelo del “boulevard” francés.

A través de un minucioso recorrido por las galerías capitalinas logramos comprobar su uso no solamente como algo comercial, sino también como un sendero práctico para acortar camino y protegerse del clima cambiante. Comenzamos nuestra caminata en San Antonio 364, en la Galería Victoria, la cual se une con Galería España, la cual concentra tiendas emblemáticas como la Librería Francesa y la Juguetería Alemana. Al salir llegamos a la calle Estado y cruzamos para entrar en el Pasaje Matte, lo cual nos llevaría al Paseo Ahumada para posteriormente ingresar a la Galería Agustín Edwards, reconocida por sus negocios de relojerías y joyas. El centro comercial tiene varios pasajes, uno de ellos nos llevó al paseo Huérfanos y cruzamos al Centro Comercial Huérfanos, fundado en 1965, cuya conservación a diferencia de sus antecesoras es notoria. En su interior se conecta con la Galería Crillón, culminando en Agustinas para entrar al Pasaje Agustinas 1022, que conecta por dentro con la Pasaje Aníbal Pinto para terminar nuestro recorrido en Bombero Ossa. Si bien algunas galerías constituyen una temática comercial preferente (lentes, joyas, libros), distan de una amplia mayoría que ostenta variedad de precios y productos en un breve espacio.

Oscuro subsuelo
No es una sorpresa que al mencionar galerías de Santiago en cualquier conversación, se vengan a la memoria no solamente las numerosas tiendas habidas y por haber (algunas más emblemáticas que otras), sino también el espectro que de manera casi paralela se desarrolla a la par con el común vivir del locatario promedio. Es un hecho que el negocio del sexo con el pasar del tiempo ha ido generando dividendos que muy lejos de disminuir, se amplían casi como una plaga o se mantienen prácticamente al nivel de un dogma.

En nuestra visita a distintos pasajes comerciales por el centro de Santiago nos topamos con varias sorpresas, algunas más agradables que otras. El primer punto de encuentro se situó en el Pasaje Plaza de Armas. Nos dirigimos a la oficina del administrador del edificio ubicada en el noveno piso, y sorpresiva (o tal vez no tanto) fue su negatividad ante la petición de generar un registro de la galería. Según su testimonio el conjunto de locatarios firmaron un acuerdo que restringía el ingreso de cámaras al recinto comercial, o de lo contrario los guardias contarían con la “facultad” de detener a cualquiera que no acatara dicha regla. Si bien la galería cuenta con un montón de tiendas que no impedirían ser grabadas, los cines Mayo y Nilo aparentemente constituyen una influencia superlativa en relación a sus vecinos. Es evidente que el cine XXX se ha convertido en un negocio más que rentable, donde la baja cantidad de personal que trabaja en dichos espacios se contrapone con la clientela que según especifican los mismos locatarios fluctúan entre 180 y 200 mil pesos diarios. No sólo el Pasaje Plaza de Armas nos ofrece cine para adultos, a pocos pasos en la misma calle Monjitas, entre 21 de Mayo y San Antonio también se encuentra el cine Apolo. La peculiaridad de los tres cines es que todos pertenecen al mismo dueño. Si hay algo que llama particularmente la atención es la amplia gama de cines que se encuentran en el circuito capitalino, donde además de los tres casos anteriormente nombrados se encuentran los cines Plaza, Roxy, Hard Cinema, Cine Euro y Capri, todos repartidos por distintas galerías comerciales. El historiador y magister en patrimonio cultural, Hugo Ramos, señaló la razón del auge en el negocio de la pornografía distribuído en el casco histórico de Santiago.

Posterior a la rotunda negativa de grabar cualquier registro que delatara las prácticas de los cines en cuestión, se hizo evidente una segunda modalidad que a diferencia de la anterior se lleva a cabo de manera más expuesta: la prostitución. En un breve paseo por los pasajes se hicieron evidentes dos situaciones: una prostitución establecida y hermética como son los denominados “cafés con piernas”, todos con sus respectivos vidrios polarizados; y por otro lado el trabajo sexual más clandestino ubicado de manera itinerante en las calles aledañas a las galerías. En esta instancia los extranjeros toman protagonismo en el manejo del mercado sexual, donde la prostituta y su proxeneta se mezclan entre la gente para captar a sus eventuales clientes. Al momento de ver una cámara toman las precauciones necesarias y se mantienen alerta ante cualquier movimiento anormal que pueda interrumpir su rutina. Para algunos locatarios y gente aledaña al sector, la presencia de una cámara no solo provocaba incomodidad, sino que también nerviosismo que en ocasiones culminaba en la intimidación y a las amenazas para impedir nuestro trabajo.

Medidas a futuro
Si bien las galerías funcionan de manera autónoma en relación al municipio de Santiago, han logrado en su mayoría establecer nexos con las autoridades para generar mejoras en relación al marketing, la relación con nuevas generaciones y su continua y necesaria restauración. Algunos de los pasajes más emblemáticos que van desde Plaza de Armas hacia el sur ya se han sumado a distintas iniciativas para mejorar su relación con los consumidores y convertirse en un foco de turismo y comercio estable. Una de esas iniciativas es “Santiago Lateral”, que busca desarrollar estrategias de revitalización de las galerías comerciales del centro de Santiago por medio de metodologías de diseño colaborativo, donde el consumidor es el principal eje. Tuvimos la oportunidad de conversar con Oscar Cisternas, coordinador territorial de FIC Santiago Lateral, quien nos señaló la importancia de un diálogo tripartito entre municipio, locatarios y administradores de distintas galerías.

Lamentablente ni la alcaldía ni los impulsores del proyecto, que en este caso actúan como mediadores, tienen mayor injerencia en las decisiones que tanto la administración como los locatarios puedan tomar con respecto a su espacio de trabajo ya que no constituyen un espacio público. En sus manos está la permanencia de las galerías como un patrimonio y foco de turismo, o su eventual declive y extinción a manos de las multitiendas y el retail en general.

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