La controversia por los artistas en el metro

Diferentes opiniones entre la gente que utiliza el metro, discrepancias y convergencias de un tema que afecta a muchos santiaguinos.

Norma que prohíbe dar donaciones o aportes a los artistas que recurren a los vagones del metro de Santiago para mostrar su música.

El 2015, se comenzaron a promover en el Metro de Santiago distintas campañas para que la gente usuaria de dicho transporte público, evitara comprar o aportar a la música de los comerciantes y artistas ambulantes. Esta medida que incluye carteles, guardias y muchas veces multas, fue creada en la época de dictadura y fue firmada por Augusto Pinochet en 1975, siendo conocida la norma, como el decreto 910.

Pese a este decreto, mucha gente aporta y le agrada la música que muestran los artistas y esto se ve reflejado en el caso omiso que hacen los usuarios a los carteles que se encuentran en los vagones. Diego Soto nos dice: “No, a mí me gustan caleta porque es como su panorama extra. Además, sirve pa no ir tan pegao en el celu todo el rato”.

Sin embargo, hay personas que por el contrario, tiene reparos con los músicos aludiendo al poco espacio o el excesivo ruido que se combina entre el recorrido del tren y la música. “Lo encuentro controvertido por lo de los espacios. Me gusta que toquen, pero no en los vagones. Creo que en las estaciones no molestan. Debiese ser como en Europa” dice Luis Zamorano, usuario de metro.

Tanto en hora punta como en hora valle, los vagones del metro de Santiago no son ajenos a recibir numerosas muestras de artes. Los intérpretes usan el espacio subterráneo como un escenario andante, lo que muchas veces es grabado para que después circulen por redes sociales e Internet como vídeos de fácil y rápida difusión.

Paula Ramírez; usuaria del metro dice: “Está bien, lo encuentro súper porque es una forma digna de ganarse la vida. Es verdad, a veces se exceden con el volumen y todo eso, pero lo único que intentan es subirle un poco el ánimo a la gente”.

Esto nos trae otro problema en cuestión y es que los artistas, sean bailarines o músicos, suben a los vagones del transporte público para solventar sus gastos y estudios. Sin mencionar a los que acuden a la calle por el mismo motivo. Exponerse a multas, malos tratos y encontrones con otros artistas por la falta de espacios. Rocío Núñez: “Yo creo que es muy subjetivo, porque si el espectáculo es del gusto de la gente, aunque estemos todos apretados, se agradecerá. Es por eso que es difícil dar una opinión objetiva”.

Actualmente en algunas estaciones del Metro de Santiago existe la campaña de “música a un metro” donde los artistas pueden tocar sin ser multados, sin embargo, estos lugares atentan contra la libertad de expresión, prohibiendo canciones con referencia política, religiosa o social.

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