Vega Central: Palacio sin frontera

  • Aproximadamente el 35% de los trabajadores del mercado son extranjeros, quienes llegaron buscando nuevas oportunidades y un mejor futuro. 
  • Todos coinciden en la buena convivencia que llevan con los chilenos en el lugar.

La Vega Central es el mercado popular por excelencia de Santiago y, quizás, de Chile. Y en el último tiempo se ha transformado en el hogar de cientos de extranjeros que llegan en busca de nuevas y mejores oportunidades laborales y, por sobre todo, de vida.

a orillas rio mapocho
1902. Comercio en la ribera del río Mapocho.

Sus inicios datan de la época colonial (1598-1810). Nunca tuvo un lugar fijo: primero pasó por la Plaza de Armas, luego por varios sectores del barrio La Chimba y también por el Puente Cal y Canto (inaugurado en 1782). Pero fue en 1916 que este mercado de privados pudo, con apoyo del Estado, establecerse permanentemente donde se encuentra hoy.

Tras aquel importante suceso, en las últimas décadas se ha instaurado con firmeza en la cultura chilena, hasta nuestros días. Actualmente es responsable del 4% del comercio de productos hortofrutícolas en la capital.

En 2011 fue nombrado ‘Monumento de los Sentimientos de la Nación Guachaca’ por el mismo movimiento guachaca y el Ministerio de Bienes Nacionales. Y por si fuera poco, en 2013 fue seleccionada como el cuarto mejor mercado del mundo por el portal gastronómico The Daily Meal.

Arturo Guerrero es locatario y el relacionador público de la Vega hace 9 años, y comenta que la interactividad, interculturalidad y que aún se pueda dialogar, a pesar de los tiempos actuales de la tecnología, son las principales razones por que esta tradicional feria continúa vigente.

“Después de Dios, está la Vega”, reza la famosa frase en uno de los muros del lugar. “No es simple palabrería. La bronca más grande del ser humano es cuando tiene hambre, y el hecho de tener donde alimentarte, comer un plato o una fruta, te da el don de la tranquilidad. Es algo que tiene que ver con uno mismo”, explica Arturo.

Y aunque venga después de Dios, la Vega parece no estar sólo para los compatriotas o para saciar el hambre, sino también para todo aquel vecino latinoamericano que venga a Chile en busca de un mejor presente y futuro.

'Después de Dios, está la Vega', reza la frase insigne del mercado en uno de sus muros.
‘Después de Dios, está la Vega’, reza la frase insigne del mercado en uno de sus muros.

EXTRANJEROS EN CHILE

A fines de 2015, según cifras obtenidas por el Servicio Jesuita de Inmigrantes, en Chile había 477.553 extranjeros. Dato no menor si se considera que en el Censo de 2002 arrojó que el número de inmigrantes en el país era de 192 mil.

Para el director del Centro de Estudios Sociales y Opinión Pública de la Universidad Central (Cesop), Pablo Rojas, el aumento de esa cifra se debe a dos razones. La primera tiene directa relación con que nuestro país forma parte de la OCDE.

“Chile desde los 90’s trató de trazar una imagen estratégica de un polo de desarrollo en América Latina. Ese polo en algún momento tenía que explotar y expandirse en otros fenómenos, como de la inmigración. Y siendo un país con un PIB per cápita de 22 mil dólares promedio, hablamos de un factor muy atractivo para los demás países”, agrega el también sociólogo.

El otro aspecto tiene que ver con las condiciones socioculturales que, según Rojas, ofrece Chile. Estas son estabilidad, tanto política como institucional; y del idioma, que muchas veces actúa como barrera especialmente para los latinoamericanos que quisieran adaptarse en otra parte del mundo.

Para Arturo Guerrero, el fenómeno de la inmigración en el país tiene una sencilla explicación: “A la larga, los grandes intereses de diferentes partes del mundo, hacen frontera. Creo que la necesidad hace que la gente se vaya acercando de alguna manera que tenga posibilidad de desarrollarse, y Chile es una oportunidad. Y la han sabido ocupar y desarrollar”.

CONVIVENCIA EN UNA VEGA SIN FRONTERA

En la Vega Central existen actualmente unos 1.500 locales comerciales, en los cuales aproximadamente el 35% de los trabajadores es extranjero. Al caminar por el mercado, se puede constatar sin esfuerzos la presencia trabajadora de latinoamericanos y su sana convivencia la obvia mayoría chilena.

Chipe-Local
Local Chipe, esquina del Pabellón del Inca en la Vega Central.

Hay colombianos, ecuatorianos y haitianos. Pero los que más destacan son los peruanos y dominicanos, entre los cuales hay una diferencia enorme en cuanto a personalidad: mientras los incaicos se hacen notar por su masiva presencia y son por lo general retraídos, los centroamericanos lo hacen por su carisma y alegría.

Caminando por el Pabellón del Inca, se divisa en una esquina el puesto ‘Chipe’. Ahí se encuentra su locataria, María Riquelme, de nacionalidad peruana, muy amable pero algo tímida, quien prefiere no comentar su edad. Pero no duda en contar que lleva 12 años trabajando en la Vega.

María asegura tener buena convivencia con los chilenos. Eso sí, aclara que le costó adaptarse, debido a que en un principio no tenía la suficiente confianza con los demás.

Sin más, sigue atendiendo a sus clientes, no sin antes recomendar el olluco, un tubérculo poco conocido en el país, y que se puede encontrar en casi toda Sudamérica. Siguiendo la multiculturalidad en este mercado popular, casi al otro extremo, en el local Santa Rosa, está Sandy Candelarios; es de República Dominicana y llegó hace 9 meses al país, los mismo que lleva trabajando en la Vega.

“La bienvenida fue un poco terrible, porque cuando llegas y no tienes a nadie, te sientes desamparado. Pero después comienzas a hablar con personas que se te acercan…te vas familiarizando. Ahora todo bien: Chile me ha dado la bienvenida después de que conocí a hartas personas. (…) Me siento supermente bien; incluso mis vecinos, mis patrones, me tratan como si fuera su hijo. Tú todo lo ganas con confianzas y siendo sincero”, dijo.

Asimismo, declaró que salió de su país buscando nuevas oportunidad y, sobre todo, un mejor futuro para su familia.

Sergio González es chileno y jefe de Sandy en el local Santa Rosa. Asegura que prefiere a los extranjeros porque sus compatriotas son en su mayoría “flojos”, al menos los jóvenes de hoy. Asimismo, destaca que el latinoamericano es bueno para el trabajo, en especial los bolivianos.

“Son divertidos. Sobre todo los dominicanos, son como…alegres. Echan la talla. Llevan la alegría adentro. El boliviano no, es más retraído”, agrega. Y aprovecha de contar que, aunque en general el ambiente es amistoso, una vez discutió con un cliente porque este criticó un trabajador suyo por ser extranjero. “Al final somos todos seres humanos. Tenemos los mismos derechos. ¿Por qué el que tiene más se va a comer al que tiene menos? No, somos todos iguales”, expresó.

La buena convivencia en la Vega tiene una explicación muy simple, dice Arturo Guerrero: “Acá tratamos de ser civilizados, y eso está relacionado con respetar al semejante. Con la talla, con todo, pero respetamos. Uno se puede dar cuenta de que aquí el inmigrante es parte de nuestra propia cultura”.

“LA MULTICULTURALIDAD LLEGÓ PARA QUEDARSE”

Son muchas la culturas que hoy aportan trayendo sus productos, platos típicos y sus alegres personalidades en Chile. Arturo Guerrero lo tiene claro y destaca, por sobre todas, la contribución de la comunidad peruana y su gastronomía.

El sociólogo Pablo Rojas instó a la sociedad en Chile, país que se jacta de pertenecer a la OCDE, a que debe aprender a convivir con los extranjeros, porque “la multiculturalidad es un fenómeno global que llegó para quedarse”.

A continuación te invitamos a ver en extenso el reportaje acerca de la Vega Central.