Venezolanos en fuga…

  • Decenas de miles de personas —unas 33.000— cruzan hacia los países vecinos ante la incertidumbre y el desabastecimiento que golpea a Venezuela.
  • Uno de los principales dilemas para los países vecinos de Venezuela está en el número de ciudadanos que buscan asilo, trabajo y mejores condiciones de vida.

La fuga masiva de venezolanos que huyen de sus casas para buscar oportunidades en otros países va camino de ser el mayor movimiento migratorio de la historia de Latinoamérica. La economía de Venezuela, un país en el que comprar una lata de atún supera el salario mínimo, volvió a verse golpeada después de que Nicolás Maduro estrenara una moneda soberana con cinco ceros menos anclada a una criptomoneda gubernamental llamada Petro.

La crisis que azota Venezuela, ha dejado de ser un problema exclusivo del país caribeño, y se ha convertido en un completo quebradero de cabeza para toda la región, que busca de manera urgente dar una respuesta  coordinada ante el riesgo de que los servicios públicos se colapsen y la xenofobia aumente.

En los últimos cuatro años, Colombia recibió a cerca de 600.000 venezolanos, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). En 2015, no llegaban a 50.000. En lo que va este 2018, pero se estima que se sobrepasó el millón de inmigrantes.

Según ACNUR, entre 4000 y 5000 ciudadanos venezolanos emigran diariamente a través de las fronteras terrestres entre Venezuela, Colombia y Brasil. Un éxodo masivo y acelerado. Según esos cálculos, al culminar 2018, 1.8 millones habrían emigrado con rumbo a los destinos más australes de Sudamérica.

Brasil se sumó a Colombia, Ecuador y Perú que comenzarán este lunes, en Bogotá, una reunión en la que se buscan soluciones para aplicarlas en la región por el éxodo de miles de venezolanos que han abandonado su país, sumido en una crisis social, económica y política, informaron fuentes oficiales.

El 12% de los que se marchan están en los estratos más pobres.

Muchos de los que conforman la nueva oleada de migrantes, se están moviendo a pie, en una odisea que dura días e incluso semanas y en condiciones precarias. Muchos se quedan sin recursos para continuar el viaje y se ven obligados a vivir en parques públicos y a recurrir a la mendicidad y otros mecanismos perjudiciales para satisfacer sus necesidades diarias.